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Educacion y Sociedad : VANDALISMO ESCOLAR ¿QUE ESTAMOS ESPERANDO?
Enviado por LicFarah el 21-08-07 / 19:44 (131 Lecturas) Artículos del mismo redactor

Observando preocupada los diferentes hechos de vandalismo contra algunos edificios escolares de nuestra ciudad, no pude menos que comenzar a reflexionar acerca...

de examinar posibles interpretaciones que se aproximen a una lectura lo mas realista posible.
Partiendo de la base que todas las acciones y conductas son medios comunicantes utilizados por una franja poblacional adolescente o, en otros casos, de personas en situaciones conflictivas sin tener la capacidad y posibilidad de poder expresarlo de otra manera.
Si seguimos la interpretación lineal de los hechos, nos quedamos con respuestas limitadas, repetidas y simplistas; porque tienen una visión con un relativismo preocupante, ya que obstaculizan obtener una interpretación más profunda e integral.
Es que siempre pareciera que en la mayoría de los casos ocurriese lo mismo: no se analizan los hechos acaecidos hasta que adquieren una dimensión cuantitativamente sustantiva, y que pone en jaque al equipo de conducción, docentes, padres y alumnos de la escuela afectada.
Si yo me adhiriera a esa actitud cuantitativa, dejaría de lado un análisis cualitativo fundamental, en el que intervienen variables e indicadores comunitarios y sociales que deben ser repensados y revisados para lograr comprender “el porqué o el para qué” de estos vandalismos, por ahora menores, pero que adquieren una significación simbólica trascendente por tratarse de edificios representativos de nuestra educación y sede de la construcción de nuestro conocimientos, y por ende de un modelo cultural determinado.
Y aquí nos estamos acercando a lo que quiero expresar. ¿Estamos todos conformes con el modelo instituido vigente hoy? ¿El mismo se adecua a las necesidades de una franja poblacional hacia quienes va dirigido? ¿No será que un fragmento actualmente ha quedado fuera del sistema y es él que reacciona con los pocos elementos que posee?
¿No será la expresión de un enojo o angustia de querer y no poder incluirse en forma igualitaria con el otro?
Son interrogantes que debemos empezar a debatir para repensar una escuela diferente e inclusiva, donde no haya tanta inequidad y brechas de conocimiento entre lo aprendido dentro de los claustros y la otra realidad que aparece extramuros, muchas veces antagónica con el modelo utópico enseñado. Y esta contradicción puede ser usada por algunos como excusa para agredir a la enseñanza formal, interpretada como innecesaria e insuficiente para la lucha por la vida. No estoy afirmando que es culpa de unos pocos los hechos destructivos, pero sí debemos hacernos cargo de que hay una desconstrucción institucional en Latinoamérica, y nuestro país como componente del mismo, sufre una de las mayores crisis sociales, de las cuales el edificio escolar representa mucho mas allá que un conjunto de paredes, sino que es el lugar de construcción de subjetividades, de contención de turbulencias emocionales, de alegrías y fracasos, de angustias y dudas existenciales. En algunos casos la escuela, desbordada, no ha podido cumplir con todas esas expectativas, que quizás depositaron en ella como elemento de contención, comprensión y posibilidades de modificar sus realidades por un futuro más promisorio. Esto también es motivo de enojo y de reacción.
En síntesis, probablemente no sean conductas irracionales sino que lo irracional es su forma de expresión. En eso influye la dificultad de diálogo, modelos familiares incontinentes, paupérrimas condiciones de vida, etc. Si nos quedamos varados en el acto en sí, nos perdemos la oportunidad de comprender estas actuaciones que nos dicen algo, y seguimos sin escuchar. En esta sociedad cada vez mas fracturada en el continente con más inequidad del planeta, la mesa está servida para tentar a los adolescentes con salidas cada vez más fáciles, que imitar el modelo tradicional de la educación y esfuerzo en pos de un ideal.
¿No será necesario buscar caminos de acercamiento hacia esas poblaciones carenciadas pero deseosas de tener sentido de pertenencia pues no se pertenecen?
No tienen identidad ni son identificados. Por eso actúan en el anonimato y en las sombras.
¿Qué estamos esperando? ¿Que elijan el camino mas fácil y redituable que es el mundo del delito? o ¿No sería un buen momento para darles un elemento esperanzador que derribe el paradigma anterior?

LIC ELENA M. T. FARAH
Lic. en Ad. y Gestión de la Educación

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